Mostrando entradas con la etiqueta carcel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carcel. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de septiembre de 2011

Trolling: qué es, quiénes lo hacen y por qué

Como muchas otras personas, Sean Duffy, un joven británico de 25 años, escribía mensajes ofensivos en la red. Pero por llevar la situación a un extremo, Duffy acaba de ser sentenciado a pasar 18 semanas en la cárcel.

El inglés fue encontrado culpable de publicar comentarios y videos denigrantes en páginas donde se rendía tributo a personas que habían muerto. Entre otras ofensas, criticó en una página de Facebook a una adolescente de 15 años que murió al chocar con un tren y a otra, un año menor, que supuestamente murió de un ataque de epilepsia.

Como ellas dos, hay cientos de personas y celebridades que a diario son víctimas de agresiones cibernéticas o de "trolling", como se conoce el fenómeno en la jerga de internet. Tom de Castella y Virginia Brown, de BBC News Magazine, investigaron el alcance de este fenómeno.

Según ellos, el nombre trolling se deriva de los trolls, que eran monstruos mitológicos y que hoy, en su versión moderna, se han convertido en una amenaza que para algunos es similar a una riña de tránsito, a vandalizar tumbas o patear una persona cuando está en el suelo.

Trolling es una manifestación que se ha popularizado en foros de internet, páginas de Facebook y en los comentarios en las versiones digitales de revistas y periódicos, que son bombardeados con insultos, provocaciones y amenazas.

Sus defensores argumentan que se trata de mensajes graciosos, de travesuras y de libertad de expresión. Pero para muchos, la agresividad y la naturaleza personal del abuso rayan en un discurso de odio y, en sus casos más extremos, incluso son considerados un crimen.

El trolling parece hacer parte de un fenómeno mayor que incluye lo que se conoce como "cyberbullying" o acoso virtual, que tuvo uno de sus primeros casos de alto perfil en 2006, cuando una niña de 13 años en Estados Unidos se suicidó luego de ser molestada virtualmente por uno de sus vecinos.

Una de las dificultades es que el Trolling es un término amplio e incluye todo desde una provocación impertinente a una amenaza violenta. Y los expertos siguen sin saber por qué las personas lo hacen.

"Virtualmente incontrolable"

"En línea, las personas se sienten anónimas y desinhibidas", le explicó a BBC News Magazine el profesor Mark Griffiths, director de la unidad de investigación internacional de juegos de azar de la universidad de Nottingham Trent, que entre sus especialidades tiene el análisis de la ciberpsicología.

"Bajan la guardia en términos emocionales y cuando el momento se calienta pueden convertirse en trolls de manera proactiva o reactiva", añadió. Normalmente se trata de hombres jóvenes que lo hacen por diversión, aburrimiento o venganza, indicó Griffiths.

Pero no sólo se trata de jóvenes, y sólo basta con revisar una página aficionada de fútbol o de música para ver cómo personas de todas las edades hacen parte de los ataques más feroces.

Arthur Cassidy, un psicólogo especializado en redes sociales, agregó que el fenómeno es "virtualmente incontrolable", mientras Jaron Lanier, autor de You Are Not a Gadget, hizo énfasis en que el trolling es un fenómeno que puede afectar a todas las personas. 

"La tentación está ahí afuera y podemos vernos afectados por nuestros impulsos. Si alguien reacciona, es algo emocional y puede ser difícil salirse del tema. Todos podemos convertirnos en trolls", les dijo a los periodistas Tom de Castella y Virginia Brown.

Posibles salidas

Expertos informáticos explican que una de las claves, por ejemplo en Twitter, es "no alimentar al troll" respondiendo a sus mensajes o ataques.

Por su parte, tanto Randi Zuckerberg, quien fue directora de márketing de Facebook, como la cabeza de Google, Eric Schmidt, han sugerido que los mensajes anónimos deben ser eliminados gradualmente.

Pero el comediante Dom Joly tiene otra táctica y se describe a sí mismo como "un asesino de trolls" que se siente bien investigando a sus atacantes y exponiendo sus identidades en público, especialmente donde pueden ser vistos por sus familias.

"Un tipo me envío un tweet desde su cuenta laboral diciendo que esperaba que mis hijos se murieran de cáncer. Informé de la situación al director de la compañía y fue despedido. No sentí lástima, debía haber ido a prisión", recordó durante la conversación con los periodistas de BBC News Magazine.

Algunas personas creen que la salida a este problema está en la regulación, pero el trolling no es culpa de internet, según Jeff Jarvis, autor de Public Parts. "Internet no crea amenazas especiales. Es una plaza pública donde la gente dirá todo tipo de cosas, algunas de ellas ofensivas". 

La respuesta, según Jarvis, sigue en manos de las compañías, que deberían emplear suficientes moderadores para que prevengan que los comentarios escalen hasta convertirse en una campaña en contra de alguien".

Prohibir el anonimato en línea para prevenir el trolling sería remover el derecho que tienen los soplones y disidentes para hacer valer su mensaje, concluye.

Conozca el original: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/09/110915_trolling_que_es_tsb.shtml



sábado, 21 de mayo de 2011

Protesta en vía Pública

EL MINISTRO DEL INTERIOR Y DE Justicia, Germán Vargas Lleras, presentó hace siete meses el proyecto de ley de seguridad ciudadana, una iniciativa que le daría al Gobierno las herramientas para combatir la delincuencia común y las llamadas bandas criminales, que han crecido en varias ciudades del país. 

En el texto, que se encuentra ya en último debate, se han filtrado sin embargo propuestas que no es muy claro tengan relación con tal propósito. Entre ellas, el Artículo 353A, sobre la obstrucción de vías públicas durante manifestaciones.

Es difícil entender cómo este punto pueda ser un asunto de urgencia para la seguridad y deba ser agilizado, como lo ha pedido el ministro, junto con los demás. Pero más difícil de entender es su contenido: “El que por medios ilícitos obstaculice, de manera temporal o permanente, selectiva o general, las vías o la infraestructura de transporte de tal forma que afecte el orden público o la movilidad, incurrirá en prisión de cuatro a ocho años y multa de trece a setenta y cinco salarios mínimos legales mensuales vigentes”.

El debate sobre el derecho al espacio público para la legítima protesta es interesante, además de válido y necesario. La frontera entre el derecho fundamental a la libre movilidad y el derecho más amplio, en estos casos, a la libre expresión, es difusa y vale la pena discutir hasta qué punto se puede bloquear una vía principal si esto implica dejar prácticamente como rehén a una parte de la población; en especial, cuando se trata no sólo de personas que quedan impedidas para ir a trabajar o a volver a sus hogares —como sucedió con el barrio de Bosa durante el pasado paro camionero en la capital—, sino cuando éstas hacen parte de la población económica y socialmente más vulnerable. Un matiz adicional que vale la pena incorporar en el debate es si la visibilización de una problemática social es realmente equiparable con el interés, normalmente económico, de un grupo en particular y, en esa medida, si corresponden o no las mismas licencias. Tal discusión se da actualmente en España y se dio a comienzo del año en Argentina.

No obstante, por sensatas que suenen varias restricciones a las manifestaciones en espacios públicos, hay que ser cuidadosos con que éstas no se dirijan a entorpecer el derecho a tener una voz; con independencia, vale la pena recordar, de su contenido y de la mayor o menor aceptación social y estatal que tenga aquello por lo que se aboga. La libertad de expresión es fundamental para el ejercicio de los Derechos Humanos y para la consolidación de la democracia. Cualquier limitación tiene que ser ampliamente aceptada y ciertamente no puede tratarse de un artículo camuflado en un proyecto de ley presentado, además, para algo distinto. Menos aun cuando los castigos que se están proponiendo no son una ampliación de las actuales sanciones administrativas, sino la implementación de sanciones penales.

El uso de la violencia es censurable, también en las manifestaciones. Pero castigadas deben ser las expresiones de violencia ya tipificadas en el Código Penal de manera que lo que se penalice sean los actos criminales en cuanto tales y no el hecho de protestar. Algo que no es lo que parece buscar el artículo que establece una pena de hasta ocho años de prisión por obstaculizar por “medios ilícitos” una vía pública, cuando lo que esto significa es manifestarse —no importa si pacíficamente— sin el aval de los mandatarios municipales o nacionales. Un aval que, por lo demás, puede ser retirado en cualquier momento. Semejante desproporción entre la pena y lo que puede considerarse un delito no está justificada. En el Artículo 46 de la Constitución de 1886 se leía: “las autoridades pueden disolver toda reunión (las manifestaciones estaban prohibidas) que degenere en asonada o tumulto, o que obstruya las vías públicas”. ¿Vamos, veinte años después, de regreso?

 

Tomado de: El Espectador.com 

 

Con respecto de lo anterior, la pregunta que nos debemos hacer todos los ciudadanos del común es: ¿entonces, a parte de que me vulneran unos derechos, si salgo a protestar por ellos, estaré cometiendo un delito que además me hace acreedor de una pena como es ir a la cárcel?

Reflexionemos acerca de esto donde por lo visto se cumple ese adagio popular que dice "hecha la Ley, hecha la trampa"